Cuando entras en el mundo de la accesibilidad, de repente parece que te has puesto unas gafas nuevas. El mundo en el que vives deja de parecerte fácil para convertirse en un lugar lleno de trabas que parecen estar puestas adrede para que algunas personas lo pasen mal. Por ello, es necesario tener en cuenta a los pequeños colectivos a la hora de dar forma al mundo. ¿La tecnología es accesible? ¿ La usamos suficiente para hacer accesibles otras cosas?

«este colectivo es muy pequeño, es poco mediático»

El problema radica en que este colectivo es muy pequeño, es poco mediático y no suele ser la mayor fuerza económica. Por tanto, sin la empatía del resto de la sociedad, el interés por la accesibilidad disminuye.

Yo llegué al mundo de la diversidad funcional tras pasar tiempo trabajando en una empresa del sector eléctrico. Decidí cambiar de sector porque sentía que la capacidad de la tecnología para mejorar la vida de las personas estaba poco explotada… y no me equivocaba. Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que no solo no se aprovechaban algunas opciones como la domótica (automatización del hogar), sino que muchas veces ni se conocían esas posibilidades.

«la capacidad de la tecnología para mejorar la vida de las personas estaba poco explotada… y no me equivocaba»

Desde mi punto de vista, esta situación no se da por el desinterés de las personas con diversidad funcional ni por el de los profesionales, sino por los pocos recursos dedicados a explorar esas posibilidades. Durante mucho tiempo me he encontrado terapeutas ocupacionales que utilizan consolas, realidad virtual y robótica en rehabilitación. He conocido terapeutas que aprenden a soldar e imprimen ayudas técnicas en 3D con soltura. Sin embargo, muchas veces esas personas no tienen tiempo suficiente ni consiguen alcanzar a un gran número de personas y los recursos tecnológicos se quedan en el aire.

Poner la tecnología al alcance de la gente siempre ha sido para mí un sueño, pero el día que vi cómo una persona podía comunicarse gracias a dos botones y cómo mejoraba además la calidad de su movimiento al aumentar su motivación, sentí que la tecnología no era un recurso de lujo y que era hora de que se pusiera en valor como bien social. Es preciso que dé servicio a todo el mundo.

«No hacen falta grandes inversiones para esto. Lo que sí hace falta es gente que sepa de tecnología y personal sanitario que trabajen codo con codo para dar soluciones eficientes»

No hacen falta grandes inversiones para esto. Lo que sí hace falta es gente que sepa de tecnología y personal sanitario que trabajen codo con codo para dar soluciones eficientes destinadas a mejorar realmente la vida de las personas. Hay presupuestos altísimos en investigaciones que luego, en la práctica, no llegan al colectivo.

Los derechos de las personas con diversidad funcional se tienen que defender y la tecnología es un elemento que está ahí para usarlo, pero no solo basta con desarrollar programas y dispositivos: la sociedad se tiene que asegurar de que las soluciones tengan impacto y puedan ser usadas por las personas, y de que no se queden solo en teorías que finalmente no se utilizan por desconocimiento o por su elevado precio. Nadie debería depender de tener un familiar o amigo apañado que le ayude para ser más autónomo.

«La sociedad debe tener empatía para facilitar la vida a las personas que son diferentes.»

Uno de los derechos que es preciso defender es el derecho al trabajo. Si una persona es capaz de acceder a un dispositivo con facilidad, aumentará su empleabilidad y sus posibilidades de formación, alejándola así cada vez más del riesgo de exclusión.

La sociedad debe tener empatía para facilitar la vida a las personas que son diferentes. Se dice que «No es la discapacidad lo que te hace difícil la vida, sino las barreras que pone la sociedad», y la tecnología es una gran aliada que, bien empleada, puede ayudar a disminuir las barreras y no a aumentarlas. Debemos usar la tecnología como motor de cambio y divulgar su utilidad para que todo el mundo sepa lo que puede ser capaz de hacer apoyándose en ella.

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Emilia Méndez Barrios

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