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Seguramente habéis oído hablar del término “ayudas técnicas”.  Dichas ayudas y cuya terminología correcta y específica son “productos de apoyo”, engloban gran cantidad de objetos de uso cotidiano a los que, seguramente, no les demos el valor que merecen.

Gracias a Tilúa, a ésta plataforma y a nuestro interés en la difusión de herramientas y recursos para personas con diversidad funcional o con dificultades en su vida diaria, quiero hablaros de las tecnologías de bajo coste, concretamente de la adaptación de juguetes.

Para ello, me gustaría aclarar algunos conceptos iniciales:

“productos de apoyo”, engloban gran cantidad de objetos de uso cotidiano a los que, seguramente, no les demos el valor que merecen.

Solemos pensar en objetos como una muleta, una silla de ruedas, un audífono, o cosas más relacionadas con la diversidad funcional, pero las gafas, los agarradores de los grifos, las pinzas para darle la vuelta a la comida, etc. son grandes ejemplos de cómo dichos productos nos hacen la vida más fácil.

Los productos de apoyo y las adaptaciones de bajo coste que se hacen a diferentes objetos tienen varios puntos en común:

Ergonomía

Se propone que las personas y la tecnología funcionen en armonía. Para esto se dedica al diseño de puestos de trabajo, herramientas y utensilios que, gracias a sus características, logren satisfacer las necesidades humanas y suplir sus limitaciones. Esta disciplina, por lo tanto, permite evitar o reducir las lesiones y enfermedades del hombre vinculadas al uso de la tecnología y de entornos artificiales.

Accesibilidad universal

Condición que deben cumplir los entornos, procesos, bienes, productos y servicios, así como los objetos o instrumentos, herramientas y dispositivos, para ser comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas en condiciones de seguridad y comodidad y de la forma más autónoma y natural posible.

Replicabilidad

Que sea fácilmente reproducible, es decir, que con los medios necesarios pueda obtener una gran cantidad de productos que reproduzcan al original con exactitud y con las características anteriores.

La diferencia fundamental entre ellos es

1 – Que los productos de bajo coste siempre se crean en base a una necesidad concreta, aunque el objeto inicial ya sea un producto de apoyo que no suele serlo en la mayoría de casos,

2 – Que no supone apenas gasto, ya que el usuario puede disponer del mismo de forma muy económica o gratuita en algunos casos (ya sea utilizando una aplicación, objetos reproducidos con impresoras 3D o que se construyan con elementos cotidianos que encontramos en casa).

Mesa en las que se ven, cuters, gomas, velcro, tijeras, un mando de la wii, huevos de corcho blanco.

Podéis encontrar productos de apoyo de bajo coste en esta dirección: http://www.crmfalbacete.org/recursosbajocoste/listado_catalogo.asp

A día de hoy, en que la tecnología ha avanzado tanto, en que todos tenemos un teléfono móvil y acceso a dispositivos como asistentes de voz, no es posible que las personas con diversidad funcional se queden fuera como si estos medios fueran privilegios.

A día de hoy, en que la tecnología ha avanzado tanto, en que todos tenemos un teléfono móvil y acceso a dispositivos como asistentes de voz, no es posible que las personas con diversidad funcional se queden fuera como si estos medios fueran privilegios. Innovar no significa crear algo original de la nada, si no aprovechar recursos que ya existen, combinándolos para una mayor efectividad de uso. 

Bienvenidos a la época del “hazlo tú mismo”. Que la cultura generalizada del esfuerzo, sobre todo dentro de la diversidad funcional, no elimine opciones de inmediatez tecnológica que favorece la motivación y ofrece resultados a más corto plazo.

En este punto hay que destacar el concepto de autonomía, que supone el ser capaz de tomar mis propias decisiones, sea una persona dependiente o independiente a nivel motriz o funcional en una o varias áreas de la vida, pero la que se empodera, a la que se tiene en cuenta y no se decide por ella.

Dicha autonomía, sumada a la experiencia en primera persona o conocimientos en la materia, como pueden ser de cuidadores, familiares, amigos, profesionales del entorno del usuario… hacen que dicho conocimiento sea indispensable en la detección de las necesidades para construir y utilizar productos de bajo coste.

Si aplicamos ésta forma de pensar en los juguetes, ya que como comentaba mi compañera en un post anterior el juego es una actividad natural en sí misma, podemos hacer adaptaciones sencillas y eficaces. 

En próximas entradas hablaré sobre las intervenciones y adaptaciones de juguetes que he hecho con algunos usuarios.

Jales González

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Terapeuta Ocupacional en Tilúa

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