Mono adulto en posición ofensiva con cría de mono mirando debajo

La sobreprotección parte inicialmente de las buenas intenciones y del legítimo interés en proteger a personas que queremos. ¿Esto tiene peligros? El proceso se “tuerce” cuando sentimos pena por el otro, lo que nos hace minimizar los recursos de esa persona y centrarnos más en su supuesta incapacidad para afrontar determinadas situaciones y problemas.

«El proceso se tuerce cuando sentimos ‘pena’ por el otro»

Hago especial hincapié en este punto porque la raíz de la sobreprotección parte de una mala interpretación y valoración por parte de las personas que cuidan, que enmascara las habilidades reales y potenciales de la persona cuidada. Irónicamente, cuanto más tratamos de cuidarla, más dejamos de tenerla en cuenta para que se imponga nuestra percepción sesgada de su realidad.

Este sesgo se acentúa con personas con algún tipo de diversidad funcional o con una historia difícil, como aquellas que han sufrido un desamparo familiar.

Así, empatizamos con su sufrimiento o condición, lo que hace que multipliquemos nuestra atención a potenciales problemas y fuentes de sufrimiento, y nos lanzamos a tratar de evitarles esa carga extra, y aquí cometemos el error: o bien no vemos las capacidades reales de esa persona o bien no confiamos en sus habilidades para soportar y manejar un fracaso potencial. Y así, desde nuestro comportamiento bienintencionado y altruista, es como nos convertimos en un serio tapón para su desarrollo como personas.

Lo ilustraré con un ejemplo: Adonis es un chaval de 12 años con discapacidad psíquica moderada y con las habilidades del habla afectadas, por lo que presenta dificultades para hablar de forma fluida y le lleva terminar las frases más tiempo que a otros niños de su edad, quedándose “atascado” a veces por unos segundos. El padre de Adonis compra cada mañana el periódico con él y el niño ha pedido realizar la transacción.

«o bien no vemos las capacidades reales de esa persona o bien no confiamos en sus habilidades para soportar y manejar un fracaso potencial»

Cuando Adonis saluda a la mujer del kiosko y comienza a pedir el periódico, se queda atascado en mitad de una frase. El padre empatiza con Adonis y siente su tensión, por lo que inmediatamente completa la frase del niño. La mujer del kiosko entrega el periódico al niño y este paga. El niño está feliz y el padre también, por partida doble: por un lado ve a su hijo contento por haber comprado el periódico, por otro se siente bien porque ha desplegado una conducta de protección con éxito sobre Adonis.

Pero ahora imaginemos qué hubiera pasado si el padre se hubiera mantenido a distancia y no hubiera intervenido: Adonis se habría dirigido a la kioskera, se hubiera atascado y, tras unos segundos tensos, hubiera conseguido realizar la transacción con éxito. O quizá no habría conseguido terminar su frase y simplemente hubiera señalado con el dedo el periódico.

En el primer ejemplo Adonis ha aprendido que ha fracasado y que necesita a su padre porque si no no puede hacer las cosas bien; en el segundo ha descubierto que puede enfrentarse a dificultades y desplegar una conducta exitosa: aunque se quedara atascado ha conseguido comprar el periódico por sí mismo. ¿Podemos imaginar las implicaciones de cara a su autoestima que cada situación puede tener?

«En el segundo ha descubierto que puede enfrentarse a dificultades y desplegar una conducta exitosa»

Imaginemos un tercer escenario: el padre de Adonis en el segundo ejemplo se ha quedado apartado. Adonis se queda atascado en mitad de una frase, comienza a sentirse frustrado y huye hacia su padre. De nuevo dos opciones: el padre va y compra el periódico. Opción 2: el padre lo calma, le dice que es normal sentirse así ante las dificultades pero que debe volver a intentarlo solo, ensayando con él la frase que debe emplear para dirigirse a la mujer del kiosko. ¿Qué padre creemos que es más útil para Adonis?

El padre 2 de los ejemplos anteriores no ha tratado de evitar que Adonis afronte sus problemas, simplemente estuvo ahí y, cuando este se frustró, lo animó a seguir por sí mismo ayudándole a perfeccionar sus herramientas. Seguramente tuvo el impulso de intervenir, sufrió viendo a su hijo fracasar pero supo manejar con éxito sus propias emociones, confiando en las posibilidades de Adonis.

Como el espacio en este artículo es limitado y confío en vuestras capacidades (no quiero sobreprotegeros), os dejo que imaginéis la otra cara de la moneda: cómo será Adonis en el futuro con un padre y con otro.

Sólo quiero, para concluir, animar a las personas que cuidan o educan a otros a que no ahorremos en exceso dificultades en las vidas de las personas que queremos, que les permitamos acometer problemas y sufrir fracasos, simplemente estando ahí para acompañar y darles un empujón sólo cuando nos lo pidan y necesiten realmente. Que integremos que van a sufrir por amor, desengaño y fracaso, que se van a frustrar y a llorar (¿y quién no en esta vida?) pero que también van a ser capaces de salir adelante con éxito.

«No ahorremos en exceso dificultades en las vidas de las personas que queremos, que les permitamos acometer problemas y sufrir fracasos, simplemente estando ahí para acompañar»

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Kiko

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Una respuesta

  1. Me ha gustado muchísimo. Y me gustaría ampliar un matiz y es que creo que, a veces, la persona superprotectora es la que más ayuda necesita pues no ve que es ella la que quiere ser necesitada y por eso también crea esa dependencia….
    Gracias Kiko por tu aportación a la independencia de todos, desde el conocimiento y el afecto….

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